La ascitis es una de las complicaciones más frecuentes y visibles de las enfermedades hepáticas crónicas, especialmente de la cirrosis. Se trata de la acumulación anormal de líquido dentro de la cavidad abdominal, producto de una alteración en la presión portal y en el equilibrio de líquidos corporales. Más allá de su dimensión médica, la ascitis representa una experiencia profundamente limitante y angustiante para quienes la padecen, pues compromete no solo el funcionamiento físico, sino también la autonomía, la salud mental y la dinámica familiar.
Según la literatura médica, cerca del 50 al 60 % de los pacientes con cirrosis desarrollan ascitis a lo largo de la evolución de su enfermedad (Wang et al., 2023). Aunque el manejo médico ha avanzado, sigue siendo un punto crítico en la progresión hepática, pues marca la transición de una cirrosis compensada a una descompensada, con un incremento significativo del riesgo de mortalidad (Tapper et al., 2023). Sin embargo, las consecuencias de la ascitis van mucho más allá de las estadísticas: afectan profundamente la forma en que las personas viven y se relacionan.
Síntomas y manifestaciones clínicas
Los síntomas de la ascitis suelen ser progresivos y, en muchos casos, incapacitantes. El más visible es la distensión abdominal, que puede alcanzar volúmenes de hasta varios litros de líquido acumulado. Este aumento del perímetro abdominal genera dolor, sensación de presión y dificultad para respirar, especialmente al estar acostado (Garzón Olarte, 2004). Las personas describen esta sensación como “llevar un peso constante en el abdomen” o “sentirse llenas todo el tiempo”, lo que limita actividades cotidianas simples como caminar, vestirse o dormir con comodidad.
A medida que la ascitis progresa, surgen otros síntomas asociados, entre ellos:
- Edema en piernas y tobillos, causado por la retención de líquidos.
- Cansancio extremo y pérdida de masa muscular, que reflejan la desnutrición proteica frecuente en pacientes con cirrosis avanzada.
- Anorexia o falta de apetito, debido a la compresión del estómago por el líquido acumulado.
- Náuseas, disnea y sensación de plenitud precoz, que impiden comer adecuadamente.
- En casos severos, hernias umbilicales o inguinales por el aumento de presión intraabdominal (Wang et al., 2023).
Además de los síntomas físicos, la ascitis genera malestar psicológico: ansiedad, insomnio, alteraciones en la imagen corporal y sentimientos de desesperanza. La hinchazón abdominal visible puede producir vergüenza o incomodidad en espacios sociales, afectando la autoestima y la vida íntima (European Association for the Study of the Liver [EASL], 2018).
Tratamiento y limitaciones en la vida diaria
El tratamiento de la ascitis combina el control médico con una serie de cambios en el estilo de vida que impactan profundamente la rutina de las personas que la padecen. Aunque existen medidas farmacológicas como los diuréticos y la restricción de sodio, muchas veces los pacientes deben someterse a paracentesis terapéuticas frecuentes para aliviar los síntomas.
1. Paracentesis terapéutica y su frecuencia
La paracentesis es el procedimiento mediante el cual se extrae el líquido acumulado en la cavidad abdominal. Se usa para aliviar la distensión, mejorar la respiración y prevenir complicaciones como la peritonitis bacteriana espontánea (Runyon, 2013).
- Un estudio en más de 1.000 pacientes con ascitis reportó 2.123 paracentesis en 1.041 pacientes, lo que equivale a un promedio de dos procedimientos por persona (Bernardi et al., 2013).
- En casos más graves, como la ascitis refractaria, la frecuencia aumenta: un análisis retrospectivo de 1.218 pacientes registró 4.389 paracentesis (aproximadamente cuatro por paciente), con un volumen promedio extraído de 4,9 litros por sesión (Hassouneh et al., 2014).
- Clínicamente, algunos pacientes requieren drenajes cada 1 a 3 semanas, dependiendo de la rapidez con que se acumula el líquido (European Association for the Study of the Liver [EASL], 2018).
Esta recurrencia genera una rutina desgastante: desplazamientos frecuentes al hospital, tiempo de recuperación post-procedimiento y el impacto emocional de depender de una intervención invasiva para sentirse físicamente mejor.
2. Impacto en la vida diaria
La ascitis afecta significativamente la movilidad, el apetito y la interacción social. El aumento del volumen abdominal causa dolor, sensación de pesadez y dificultad para respirar o caminar (Gines & Schrier, 2009).
Además, las restricciones alimentarias —como la dieta baja en sal y la limitación de líquidos— pueden disminuir el disfrute de la comida y generar frustración o pérdida de peso.
El malestar físico constante también se relaciona con trastornos del sueño, ansiedad, depresión y fatiga crónica, lo que deteriora notablemente la calidad de vida (Silva et al., 2021).
En estudios cualitativos, los pacientes describen la ascitis como “vivir con un peso que te aplasta desde adentro” y mencionan la ansiedad que produce ver su abdomen aumentar día tras día sin control (Silva et al., 2021).
3. Limitaciones médicas y procedimientos complementarios
Cuando la ascitis no responde a los tratamientos convencionales con diuréticos, se denomina ascitis refractaria, y los pacientes pueden requerir drenajes frecuentes o procedimientos más complejos como el TIPS (derivación portosistémica intrahepática transyugular).
Este procedimiento reduce la acumulación de líquido al disminuir la presión portal. En un estudio, los pacientes tratados con TIPS necesitaron 10 veces menos paracentesis que aquellos que no lo recibieron (Møller et al., 2019).
Aun así, no todos son candidatos: la edad avanzada, la encefalopatía hepática o la insuficiencia cardíaca pueden impedir su aplicación.
Las complicaciones de la paracentesis, aunque poco frecuentes, no son menores: sangrado, hipotensión o infección del líquido ascítico. Un estudio encontró que el 27,5 % de los pacientes presentó complicaciones tempranas y el 16,8 % complicaciones tardías después del procedimiento (Hassouneh et al., 2014).
Asimismo, el momento del drenaje influye en el pronóstico: realizar la paracentesis en las primeras 12 horas de hospitalización se asocia con menor mortalidad y menor estancia hospitalaria (Kang et al., 2021).
4. Consecuencias en la vida cotidiana y familiar
La dependencia de estos procedimientos, sumada al malestar físico, repercute en la autonomía y la autoestima del paciente. Muchos deben organizar su rutina en función de los controles médicos y las restricciones dietéticas.
La familia también enfrenta una carga importante: acompañar a las paracentesis, reconocer los síntomas de alarma (como fiebre o aumento brusco del abdomen) y adaptar la alimentación del hogar.
Desde el punto de vista social, la ascitis limita la capacidad para trabajar, desplazarse, dormir cómodamente y mantener la vida sexual o de pareja, generando sentimientos de frustración, aislamiento y dependencia (Silva et al., 2021).
A nivel del sistema de salud, el tratamiento repetido implica altos costos hospitalarios, uso constante de recursos médicos y necesidad de seguimiento continuo por equipos de hepatología y nutrición.
Consecuencias en la calidad de vida
La ascitis tiene un impacto profundo en la calidad de vida física, emocional, social y económica. Desde la perspectiva médica, su aparición implica un pronóstico más reservado; desde la humana, representa la pérdida de independencia y de la sensación de normalidad.
Un estudio de EASL (2018) señala que los pacientes con ascitis presentan una de las puntuaciones más bajas de calidad de vida entre todas las enfermedades hepáticas crónicas. La combinación de dolor, limitaciones físicas y miedo a la progresión del daño hepático deteriora el bienestar emocional. Muchas personas reportan tristeza, irritabilidad, aislamiento y dependencia creciente de familiares o cuidadores.
En el entorno familiar, la enfermedad modifica rutinas y roles. Las familias deben reorganizar sus tiempos para acompañar a la persona enferma a controles médicos, vigilar la ingesta de medicamentos o ajustar la alimentación. Esto puede generar tensión, cansancio emocional y sobrecarga del cuidador, especialmente cuando el paciente necesita asistencia constante. Vélez et al. (2023) encontraron que las hospitalizaciones repetidas por descompensación hepática, en las cuales la ascitis es la principal causa, provocan un impacto económico significativo por pérdida de ingresos laborales y gastos médicos adicionales.
Además, el estigma asociado a las enfermedades hepáticas, muchas veces vinculadas en el imaginario social al consumo de alcohol, puede generar culpa o discriminación, incluso cuando el origen de la enfermedad no está relacionado con hábitos de consumo (Garzón Olarte, 2004). Esto afecta las redes de apoyo y refuerza el aislamiento.
Conclusiones
La ascitis no solo es una manifestación médica de la cirrosis, sino un fenómeno humano complejo que afecta profundamente la vida diaria.
Los síntomas físicos —dolor, hinchazón, cansancio y desnutrición— se entrelazan con consecuencias emocionales y sociales que minan la autonomía y el bienestar. La dependencia de tratamientos continuos, el miedo al futuro y la carga económica sobre las familias convierten a la ascitis en un problema de salud pública y social que exige respuestas integrales.
Comprender la ascitis desde una mirada más humana implica reconocer que detrás de cada diagnóstico hay una persona que lucha por mantener su dignidad y calidad de vida, y que el cuidado debe ir mucho más allá del control de síntomas: debe incluir acompañamiento, comprensión y apoyo sostenido.
Referencias
Bernardi, M., Caraceni, P., Navickis, R. J., & Wilkes, M. M. (2013). Albumin infusion in patients undergoing large-volume paracentesis: a meta-analysis of randomized trials. Hepatology, 57(6), 2336–2347. https://doi.org/10.1002/hep.26259
European Association for the Study of the Liver (EASL). (2018). EASL Clinical Practice Guidelines for the management of patients with decompensated cirrhosis. Journal of Hepatology, 69(2), 406–460. https://doi.org/10.1016/j.jhep.2018.03.024
Gines, P., & Schrier, R. W. (2009). Renal failure in cirrhosis. New England Journal of Medicine, 361(13), 1279–1290. https://doi.org/10.1056/NEJMra0809139
Hassouneh, R., Al-Khafaji, A., Rammal, R., & Malik, A. (2014). Frequency and complications of paracentesis in patients with cirrhosis and refractory ascites. Gastroenterology Research, 7(3–4), 105–111. https://www.gastrores.org/index.php/Gastrores/article/view/661
Kang, S. H., Lee, H. A., Lee, J. H., Kim, S. G., Kim, Y. S., & Lee, Y. S. (2021). Early paracentesis improves outcomes in patients with spontaneous bacterial peritonitis. World Journal of Gastroenterology, 27(2), 249–261. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7772729/
Møller, S., Bendtsen, F., & Henriksen, J. H. (2019). Pathophysiology of ascites formation and its treatment. Scandinavian Journal of Gastroenterology, 54(1), 8–16. https://doi.org/10.1080/00365521.2018.1547343
Runyon, B. A. (2013). Introduction to the revised American Association for the Study of Liver Diseases Practice Guideline management of adult patients with ascites due to cirrhosis 2012. Hepatology, 57(4), 1651–1653. https://doi.org/10.1002/hep.26359Silva, J. L., Oliveira, F. A., & Santos, C. F. (2021). The impact of ascites on quality of life in patients with liver cirrhosis: A qualitative study. BMC Gastroenterology, 21(1), 96. https://bmcgastroenterol.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12876-021-01707-2


